Comunicado de la Junta de Gobierno del COPC acerca de la incidencia del TDAH en Cataluña

A lo largo de los últimos 10 años se ha podido constatar un aumento progresivo en el uso del diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDHA), en las distintas modalidades que recoge y describe el DSM. Este aumento, en opinión de nuestros expertos, ha sido propiciado, en gran medida, por un sector de profesionales de la salud, defensores de un abordaje farmacológico de un conjunto de problemáticas conductuales y /o emocionales, muy frecuentes en la infancia y considerados hasta ahora como un campo de intervención prioritaria de los psicólogos.

Logo_COPCLa multiplicación del diagnóstico de TDHA ha dado lugar a un gran aumento en la medicalización de esta problemática. Actualmente, diversas organizaciones describen que un nombre importante de niños entre cinco y siete años (pero también, cada vez más, de edades inferiores) son tratados con fármacos psicoestimulantes (metilfelinato y atomoxetina), los efectos adversos inmediatos son bien conocidos (aumento de la tensión arterial y de la frecuencia cardíaca, alteraciones en la alimentación y el sueño, enlentecimiento del crecimiento estato-ponderal, alteraciones propioceptivas), mientras que todavía son poco conocidos aquellos que su consumo continuado puede producir a medio y largo plazo. La rapidez con que se ha producido este proceso de medicalización y la magnitud a la que ha llegado en los últimos años, ha comportado dictámenes de las más altas instancias internacionales (Comité de los Derechos Humanos de la Infancia de la UNESCO, Organización Mundial de la Salud), que interpelan al estado Español en relación a las causas de esta situación.

El TDHA puede hacer referencia a un conjunto de síntomas (impulsividad, inquietud motriz, dificultades para concentrar-se en una actividad) presentes en muchos cuadros psicopatológicos, que responden a causas muy diversas y que precisan, por lo tanto, enfoques diferenciados, que el sobrediagnóstico de TDHA tiende a diluir y confundir.

Sí es evidente que en algunos casos el uso de los fármacos puede estar indicado, pero siempre en el contexto de una intervención psicoterapéutica y con un estricto seguimiento médico. En muchos otros casos, lo que se detecta (conductas más o menos disruptivas en el contexto escolar o familiar; manca de atención o concentración ante tareas escasamente motivadoras) debería ser, en todo caso, tributario de un enfoque psicoeducativo que tuviera en cuenta un conjunto de circunstancias y de factores, propios del niño y de su entorno.

Constatamos, sin embargo, que el diagnostico de TDHA se traduce , en la inmensa mayoría de casos, en un único tratamiento (el farmacológico), mantenido durante periodos largos de tiempo y sin seguimiento médico. Además, la supuesta organicidad que comporta el diagnóstico de TDHA borra la dimensión subjetiva del problema y puede llevar a los adultos a cargos del niño (padres y maestros) a interpretar todo su comportamiento como efecto de la supuesta enfermedad, y a abandonar las responsabilidades específicas.

Las conclusiones de un estudio realizado por las autoridades sanitarias de los EEUU, sobre la evolución en los últimos diez años del diagnóstico del TDHA y su tratamiento con psicofármacos de niños y adolescentes, son totalmente coincidentes con las que han presentado estudios realizados en el Estado Español o Cataluña: un exceso alarmante de nuevos diagnóstico, que se traduce, por una parte, en un abuso en la medicación con psicoestimualentes y, por otra, en una crecimiento desmesurado de la cuenta de resultados de las empresas que los fabrican.

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COMUNICAT DE LA JUNTA DE GOVERN DEL COPC SOBRE LA INCIDÈNCIA DEL TDAH A CATALUNYA

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