Desarrollo de la empatía en niños

empatiaLa empatía es la capacidad de “ponernos” en el lugar de los demás, de saber qué emociones sienten, qué sentimientos tienen hacia nosotros y hacia otras personas.
Es importante fomentar el desarrollo de habilidades sociales desde pequeñitos,. Hasta los siete años el cerebro de los niños establece las conexiones  celulares a un ritmo rapidísimo, todas las experiencias que adquiera durante estos primeros años determinarán su capacidad de enfrentar-se a las situaciones vitales.
A partir de los lazos y vínculos emocionales que se van tejiendo en la familia y de los intercambios que tienen lugar desde el nacimiento, se va transmitiendo y desarrollando la competencia de la empatía.
Nuestra forma de escuchar  a nuestros hijos, de jugar con ellos, de reconfortarles y de tratarles influirá en su forma de relacionarse con los otros, de afrontar los problemas y de gestionar sus emociones. Si nosotros somos empáticos con ellos, favoreceremos que ellos sean empáticos con los demás.
Cuando un bebé llora y los padres lo atienden con amor y cariño (sintonizan con su emoción) se crea un vinculo de seguridad y confianza (el comprende que sus necesidades son comprendidas y atendidas). Si ignoramos su llanto crearemos sentimientos de inseguridad y baja autoestima que determinaran sus reacciones futuras.
Para tener empatía es necesario aprender a distinguir en los demás cuando se encuentran: conmovidos, tristes, aburridos, alarmados, cariñosos, angustiados, alterados, compasivos,… Los padres podemos ayudarles nombrando las emociones que vemos en ellos y explicándoles comportamientos de otros desde un punto de vista emocional. Una buena forma de hablar de las emociones ajenas es a través de cuentos y películas.
Otra forma de desarrollar habilidades sociales es a través del juego. Cuando a partir de los 4 años empiezan a jugar en grupo, empiezan a ocupar el lugar de otro (juegan a maestros, médicos, piratas,…), y empiezan también a observar el comportamiento y las emociones de los otros niños para poder organizar el juego. El adulto puede ayudar en las situaciones de conflicto que van surgiendo, verbalizando emociones y ayudándoles a entender cómo se sienten ellos mismos y los otros.

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